Dicen que no se sabe valorar una cosa hasta que se pierde. Bueno, puede ser, se ha perdido, se pierden y se perderán tantas cosas que casi que llegamos a un nivel de inmunidad emocional absoluto. En ocasiones se llega a ese pragmatismo y a esa resignación tan habitual que ya nos parece una reacción lógica. En otras se llega a la furia y a la rabia, reacciones más consecuentes pero sin embargo menos populares. Y es que la rabia es consecuencia de la impotencia por no haber podido evitar la pérdida, y se supone que si amamos una cosa pondremos todo nuestro interés en que no desaparezca y caigamos en desgracia.
Si la pérdida es inevitable, si nosotros tiramos de una cuerda y otros lo cortan desde el otro extremo, bien, hemos hecho cuanto ha estado en nuestras manos. Pero si ese cabo lo cortan los que están a nuestro lado de la cuerda... ¿nos resignamos? Eso parece. Luego todo son llantos y rasgaduras en vestiduras, que pena, se nos ha ido, que le vamos a hacer. Ese es el camino fácil, no hacer nada ni antes ni después, lobotomía al poder, autismo acelerado, gente que en el argot vintage serían VIDIOTAS, todo aquel estúpido individuo que deambula por el escenario como de adorno, fariseo compañero que no tiene donde vivir una vida y alquila un espacio y un espacio temporal para hacer bulto, en este caso un ecosistema formado por sistemas vintage, por videojuegos.
No obstante, el vidiota nace, no se hace, no todo aquel que recurre a la resignación es un alma en pena, y un estrato para diferenciar la resignación de la frustación es la rabia, acción y reacción, a ser posible antes de que se produzca una pérdida irreparable, antes de que se genere un vicioso conformismo que crezca hasta llamarse resignación y ser emocionalmente imbatible.
¿Donde encontrar la rabia? Pues donde ha estado y estará siempre, en el día a día, en la verdad, en la pasión, en el sentimiento sincero, en ayudar al que necesita ayuda, en colaborar con el desarrollador, en participar en el movimiento común, en estar allí cuando haga falta, en satisfacerse de forma reconocida con los logros de los demás; esa es la rabia aunque la vida real sea fea y amenazadora, tirar de la cuerda con la seguridad de que si llega a romperse lo hará desde el otro extremo. Luego ya veremos si hacemos un nudo y volvemos a empezar.
S.T.A.R.
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