El mundo se mueve al son de la moda. Pero ¿de verdad que es la moda la que obliga al mundo qué tendencias seguir? Categóricamente, no.
En las máquinas vintage cada vez es más acusada la tendencia a seguir el viejo dicho popular culo veo, culo quiero, es decir, que la gente desee lo que ve a su alrededor, lo que provoca que la moda entre en modo de falacia y sea realmente la gente la que se apunta a tendencias que otros descubren o que llevan desarrollando desde hace tiempo. Si esta gente siguiera estas tendencias con ímpetu, con interés demostrado, el sistema que se ve invadido por pretendientes podría estar seguro de que gozaría de una vida eterna, pero como vemos que todos los sistemas tienen altibajos en cuanto a producciones se refiere, hemos de rendirnos ante la evidencia de que su perenne culito respingón tiene seguidores temporales, los cuales se animan cuando se percatan de su presencia. Es lástima que la gran mayoría deje alejarse esas sugerentes cachas para girar la cabeza en pos de otras (y sustitutivas) posaderas.
Estamos de acuerdo en que el movimiento genera movimiento, pero no deja de ser triste que esta consecución sea provocada con altos riesgos de soledad por parte de quien lo genera, y al mismo tiempo por la soledad que se procura en otros sistemas o actividades cuando sus seguidores se convierten en veletas y saltan de proyecto en proyecto dejando la miel en los labios de muchos y dejando los morros llenos de barro a otros.
Siempre está de moda estar a la moda, efecto secundario del hobby, afición a la que se dedica un individuo cuando no está realizando tareas obligadas. El hobby por antonomasia es seleccionado por agrado y predisposición del adepto al encontrar un entretenimiento interesante. Cuando éste deja de ser interesante y/o aparece otro hobby más sugerente, o cuando las obligaciones superan la capacidad de distendimiento, o incluso cuando uno llena los tiempos muertos de su existencia con otros entretenimientos mucho menos exigentes y más sencillos de llevar a cabo sin necesidad de pretensión ninguna (ver la televisión o el uso indiscriminado de internet son las alternativas más extendidas), la dedicación del hobby pasa a mejor vida, se olvida, borrón y cuenta nueva.
La recapitulación es la siguiente: un individuo se aburre o encuentra a faltar una afición que llene su vida. Suple la necesidad echando mano a un hobby, el cual acomete en proporción directa del número de seguidores o auge que tenga en ese momento, léase la moda. Permanece en ese hobby, en ocasión procurando el hacer un bien colectivo o sumándose a la ansia general de proporcionar nuevas satisfacciones en la comunidad en el mejor de los casos, de forma que se une para crear un estado de producción. Dentro de esta vorágine se suman algunos otros, unos de iguales pretensiones loables que nuestro sujeto, otros con verdaderas ganas de convertir el hobby en una dedicación oficiosamente obligada, lo que lleva a una especie de mutua dependencia creativa, una auténtica simbiosis. Nuestro sujeto, por las razones que sean, se desvincula del presente hobby. Para él es el fin de la historia. Para el resto significa quedarse a dos velas esperando que la rueda de la moda vuelva a pasar por su sistema, vagabundea patizambamente sin saber si lo que hace es para él, para los demás o para nadie en concreto. En este devenir de las cosas entran otros pizpiretos usuarios buscando su hobby que cubra sus necesidades, descubren un trasero al que echarle el diente y la historia se repite de nuevo.
En muchos sistemas y aficiones, ante este entrar y salir de colaboradores, se debería colgar en la entrada un cartel que dijera 'SALIDA', que ya que lo de culo veo, culo quiero queda que ni pintado en esta situación, por naturaleza los culos son orificios de salida, no de entrada. Y en sodomita caso de que querer entrar, ya que hacemos de puta, por favor, al menos no pongamos la cama...
S.T.A.R.
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