Es difícil diferenciar desarrollo sostenible de reciclaje, reutilizar de repetir, aprovechamiento de reiterancia. Todo ello implica administrar para diversos usos un mismo recurso, algunas veces transformándolo, otras modificándolo levemente, y otras veces sin tan siquiera tocarlo. Como dice uno de los tantos corolarios de la ley de Murphy, si funciona, no lo toques.
Si un sistema vintage llega a un punto de obsoletismo ¿actualizarlo mantendrá su mismo punto de atracción? Mientras no se convierta en una parodia de sistemas modernos, mientras no intente equipararse a potenciales que no puede alcanzar, cualquier metamorfosis constructiva es bienvenida. Ahora bien ¿donde está el límite? ¿En qué momento un sistema vintage deja de conservar su personalidad y se convierte en un juguete roto? Seguramente no exista un rasero que afirme si la botella está llena o está vacía, siempre existirán medias tintas condicionales, excepciones que confirman la regla, abstracción absoluta.
Antaño existían programas informáticos que proporcionaban cábalas para proporcionar cierta clarividencia en juegos de apuestas, mayormente en quinielas deportivas. Si con una máquina limitada ya conseguíamos un propósito concreto ¿para qué recurrir a máquinas más potentes para otorgarnos la misma satisfacción? Si la necesidad es estrictamente lúdica ¿es necesario recurrir a más potencial? Más cantidad no implica necesariamente más calidad, aunque no la descarta, por supuesto. En trabajos concretos se equipara, se compensa, o mejor dicho, se recompensa, pero entonces regresamos de nuevo a una pregunta anterior ¿dónde está el limite? ¿En qué lugar concreto el exceso provoca un desbordamiento?
Incluso dentro de unos límites definidos y marcados desconocemos donde se encuentran éstos mismos, nos encontramos con las barreras físicas de la máquina y las barreras constructoras del creativo. ¿Cuándo un videojuego es original y cuando no lo es? Si una caja de cartón atada a un cordel ya era instrumento de diversión para nuestros padres o abuelos, o incluso diversión propia para alguno de nosotros ¿podemos suponer, entonces, que una caja aerodinámica con neumáticos de caucho amarrada a una cadena de oro nos proporcionará igual o más diversión? Es muy posible que así sea, como también es más que probable que, entonces, la satisfacción repose sobre la codicia de poseer tan excepcional invento, el tener un potencial en las manos, caro, poderoso, hermoso, que utilizaremos para arrastrar por el pasillo de nuestra casa o sobre el asfalto de las calles de nuestro barrio.
Una situación englobada dentro del espectro de sistemas vintage puede y debe adaptarse a las necesidades personales, que un mismo objeto procure distintas disciplinas provocando las mismas maravillas y reacciones, como la portada de este mes del webzine, Marzo de 2003, desarrolladamente sostenida, reciclada, reutilizada, repetida, aprovechada y/o reiterada a partir de la cubierta de un hipotético single musical del grupo Manolo Trueno, imaginería gráfica a cargo de quien subscribe estas líneas. Si una acción de o en un sistema vintage funciona es signo inequívoco de que es correcta, pero eso no significa que vaya a funcionar en un sistema moderno, y viceversa, naturalmente.
S.T.A.R.
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