Escribir este apartado de Matranet se está convirtiendo en algo tremendamente cómodo, si no tenemos en cuenta el pequeño dilema de sobre que tema escribir, porque siempre aparece alguna noticia o algún detalle, frecuentemente casi al cierre de la edición de Matranet en curso, que escribir se hace tan fácil como beber un vaso de agua.
En esta ocasión nos ha llegado de improvisto un mensaje de repulsa sobre un artículo que apareció en el mes de enero en Matranet, concretamente sobre un reportaje relacionado con un site que ofrecía documentaciones sobre modelos, aparatos y periféricos de cierto ordenador de origen nipón. Es el autor de este site reporteado quien ha tenido el buen hacer de remitirnos sus quejas.
En ese artículo se elogiaba el esfuerzo de su creador por ofrecer frecuentes updates de su site con informaciones muy útiles e interesantes, aunque no faltaban las líneas de crítica en las que se decía que el método de recopilación de la información estaba enmascarado bajo un formato erroneo y que prestaba a la confusión, que el mismo trabajo se podría realizar bien y que de ser así, ese site podría llegar a ser el máximo exponente de almacenamiento de información a disposición del público.
El mensaje de condena no puede ser más desacertado ni inconexo. Se nos dice que hemos insultado al autor del site, que la falta de calidad de los ficheros disponibles no es culpa del autor, que no ha leido ni una sola línea de respeto por parte de Matranet, y que no nos podemos hacer a la idea de la inversión de horas de trabajo y dinero que le supone al autor disponer de copias impresas del material para ser pasado a formato electrónico.
Ante tal maremagnum procedimos a contestar amablemente a esta inquisición, explicando punto por punto con cuestiones razonables las bases de nuestro reportaje, razonamientos obvios e indiscutibles que demuestran que el pan es pan, y que el vino es vino. En ningún momento atentamos en nuestra respuesta con la falta de educación o la búsqueda de excusas, simple y razonablemente porque no hay excusas, son razones de peso, obviedades que sin quitar mérito al trabajo realizado, abogan por la lógica de que si un trabajo no está correctamente realizado, es sinónimo de que se puede hacer mejor.
La contestación a nuestra respuesta no se hizo esperar, y se nos respondió de nuevo con malas maneras, con exigencias y con el mismo germen que ha ocasionado este desaguisado: la información del site no se manufactura mejor porque requiere más esfuerzo. La enarbolación de la ley del mínimo esfuerzo: ¿Para qué hacerlo mejor si nadie se queja? Y si alguien se queja, maldito sea por OPINAR.
Y éste es el planteamiento, ¿una publicación como Matranet no puede OPINAR y criticar constructivamente? ¿no puede sugerir mejores métodos de trabajo o deslevar los errores que los alienados del tema pueden desconocer? ¿No podemos esgrimir obvidades con fundamento, definiciones puras y duras, para informar a la gente que no todo lo que reluce es oro? Y si Matranet no tiene estos derechos ¿qué nos diferencia de una crítica personal o de un comentario en otra publicación?
La opiniones suelen definirse como subjetivas, pero en Matranet, como organismo de bien público (si se nos permite la licencia de calificarnos como tal) cuidamos por la máxima objetividad, dejamos de lado los gustos personales y nos centramos en la información objetiva, y más aún cuando existen reglas, parámetros, tendencias o directrices que nos obligan a llamar a cada cosa por su nombre, por supuesto sin faltar al respeto, aunque en muchas ocasiones se nos hay lesionado a nosotros primero.
Los ataques de desprecio o las burdas mentiras tienen el mismo efecto que las loanzas exageradas o inmerecidas. Con las primeras se hiere a la persona y con las segundas se atenta contra la carga moral, dando falacia y coba a actos que por deuda ética deberían subministrarse ya con un mínimo de respeto por el público.
¿Acaso el hecho de la posibilidad de acceso que da la Red, o el caso de ofrecer material públicamente, exime al interesado de librarse de cualquier opinión o crítica? ¿Significa eso que el simple hecho de HACER ya predestina al autor a un olimpo de intocables? ¿Nadie ve la clara diferencia entre HACER y HACER BIEN? ¿No podemos declarar nuestro punto de vista, nuestra libertad de expresión como dirían los más fogosos, sin que se nos condene? ¿Debemos esconder la verdad para evitar que los sensibles de espíritu no se sientan ofendidos? ¿Por qué se llegan a resoluciones extremas y unipartidistas aún cuando la causa de la discusión es reconocida y reafirmada por la parte ofendida? ¿Las críticas con fundamento deben evitarse para no herir sensibilidades?
Un párrafo lleno de preguntas con respuestas antagónicas aseguradas, preguntas que su solo esperpéntico planteamiento haría reir si no fuera por la dramática seriedad que acompaña el deber de formularlas.
De todas formas, sería interesante que este texto se interpretase como una disertación general sin claudicar en individualismos, que el tema personal de Matranet sea una ejemplo o una comparación, que el lector asuma el rol de crítico y criticado, de elogiador y elogiado, porque solamente así uno puede preveer los actos objetivos y subjetivos a su persona. Criticar sí, pero con fundamento. Elogiar, también, pero con merecida mesura. Al fin y al cabo, se haga o no se haga caso, acabaremos todos riendo por los actos de quien tenemos enfrente.
S.T.A.R.
[z-Ø@tinet.org]